Volviendo al punto de partida o por qué la tecnología no ayuda al aprendizaje formal

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Dr. Francisco Ignacio Revuelta Domínguez

He viajado a lo largo de los últimos años por un gran número de países de América del Sur con varias misiones: algunas personales y otras más institucionales. He visto de todo, he conocido profesionales de la educación que trabajan con gran entusiasmo y se esfuerzan por lograr eso de integrar las tecnologías en el aula, he dialogado con personas motivadas y desmotivadas por las prácticas docentes, por las ideologías de los centros educativos, por las incompatibilidades educativas entre familia y escuela, por las políticas educativas de los países o regiones,… he visto la emoción en los ojos de esos profesionales, he visto personas.
Como interesado en la tecnología educativa, cuando regreso dedico un tiempo a reflexionar para asimilar lo vivido, para obtener de eso vivido lo esencial, lo más destacado, lo que une a todas las experiencias revisadas y compartidas en los espacios profesionales y personales.
Un día, no hace mucho, tras uno de los viajes, concluyo que lo esencial de aquel viaje aparecía ante mis ojos como el claro y manifiesto interés de los profesionales de la educación por lograr que la tecnología sea un instrumento mediador de los aprendizajes escolares. Así, cual oráculo en el aula, los aprendizajes curriculares a los que se somete a los alumnos cobren la significatividad que promulgaba Ausubel y se fijen en la memoria/mente/alma de los alumnos como marca indiscutible de la necesidad de la cultura dominante como aquel aprendizaje útil, necesario, riguroso y altamente legítimo de los intereses sociales del momento que nos toca vivir.
Pero, como niño que descubre un juguete nuevo, una nueva aventura y con la alegría en el cuerpo que me permita seguir trabajando e investigando en el campo de la tecnología educativa, me dirijo al trabajo un día cualquiera.
Me topo y converso con alguien con quien no suelo hacerlo. Hoy veo pesar en sus ojos. Se queja abiertamente con una frase: tú que eres de las TIC, mira “las tecnologías no cumplen su cometido”. Eso me deja sorprendido. Pienso: ¿qué cometido? ¿con qué intención fue creada una tecnología? ¿qué busca en ella? ¿busca problemas o soluciones? La conversación se convierte en un monólogo y es una queja continua. Afortunadamente, fue un momento de encuentro y un momento para soltar su preocupación al que, se supone, experto en TIC aplicadas a la educación.
No obstante, algo se movió en mi forma de ver el problema. Varios comentarios de compañeros resonaban en mi cabeza, lecturas realizadas se unían en una gran sentencia: “estamos atajando de forma incorrecta el problema, o al menos este no es el camino, debemos volver al principio!.
Si por algo se nos caracteriza a los estudiosos en un tema es que tomamos una línea y si nos chocamos contra la pared, con constancia y con nuevos retos volvemos al principio. Pues bien, creo que hemos encontrado un callejón sin salida. Nos hemos esforzado por creer que la tecnología es la que soluciona el problema pero creo que la tecnología solo acompaña al problema del aprendizaje y, esto es así, por varios motivos:
1. Compañeros de viaje. La tecnología soluciona el problema para el que fue creado: fundamentalmente de acceso y gestión de la información, de facilidad de la comunicación, de entretenimiento, etc.; otros problemas deben ser resueltos por otras tecnologías. En educación, la tecnología es compañera del viaje educativo, pero no es la guía que nos solucionará los problemas del camino o la meta de aprender. En el camino de aprender hay muchos obstáculos, fundamentalmente emocionales y la tecnología ayuda a encontrar soluciones, pero no soluciona por sí misma aquél problema o situación que es propio del proceso de enseñanza-aprendizaje.
2. Ventana al mundo. Pretendemos que por la ventana que da al aula escolar y que nos muestra el mundo, ventana que nos abre la tecnología (imagínese una pantalla en una sala cinematográfica) penetre a través de ella únicamente un minúsculo haz de luz (como metáfora del conocimiento) que es el currículum escolar. Y nos esforzamos para que nuestros alumnos solo miren ese haz de luz obviando taxativamente el resto de la ventana. Nos obsesiona que los alumnos, autónomamente, miren a otros lados de la ventana y no al haz de luz. Permitamos que vean el mundo. Esto me recuerda al mito de la caverna de Platón.
3. Diálogo externo. La tecnología actual expande la comunicación y los entornos para el aprendizaje. Los ámbitos formativos se contraen mientras que la comunicación se expande. Hoy, la tecnología es el Big Bang de la comunicación, del intercambio y de la construcción del conocimiento. Y nos obsesiona restringir, contraer y limitar la ventana al mundo. Compartir y crear son las herramientas clave de la construcción del conocimiento. Expresar lo vivido genera nuevos retos de aprendizaje y nuevos espacios. Crear es reconstruir y reconstruir es construir con el otro. La apertura hacia los otros hacen más profundo el aprendizaje experiencial, en definitiva el aprendizaje de lo que se quiere aprender.
4. Motivación intrínseca. Tras arduos experimentos, fiables y válidos, se concluyen en los estudios que la tecnología aumenta la motivación. Sí, efectivamente, pero qué hace un docente con tanta gente motivada casi cercana al éxtasis místico. Pensamos que con esto ya el aprendizaje sucede por sí mismo, es la pista de despegue de los procesos de cambio cognitivo, es la bandeja de la conexión neuronal para fijar el aprendizaje, etc. Pero, detengamos un momento las idas y pensemos ¿y si esto no es así?, ¿y si con alumnos tan motivados no pasa absolutamente nada?. ¿Y si los alumnos motivados no desean aprender, o la situación no reúne las condiciones para que esa persona aprenda?. No todos aprendemos en las mismas condiciones de motivación. Algunos aprenden solo bajo condiciones de estrés y no bajo condiciones de motivación. La tecnología como compañera de camino solo es de ayuda si favorece explorar la motivación intrínseca de los aspectos personales seleccionados pertenecientes a un determinado contenido como para que el sujeto necesite explorarlos y crear otros contenidos a partir del inicial. Solo así la tecnología ayudará a activar las motivaciones intrínsecas.
Es interesante replantear la pregunta inicial y volver sobre el enfoque primario. Pensemos por un momento que la tecnología no ayuda a los procesos formales del aprendizaje, pensemos por un momento que estamos equivocados y que son otros los aprendizajes que son válidos con el uso de tecnología.
¿A dónde nos lleva esta nueva vía? Imaginen que van en un coche de gran tamaño por un camino sin asfalto, el camino es una línea recta, clara y concreta (contenidos curriculares), pero el coche es más grande que el camino y el viaje se hace incómodo por las condiciones del camino. ¿El coche nos va a llevar al otro lado del camino? Posiblemente sí o quizás no, eso es lo que sabemos y a lo que podemos reducir el ingente volumen de investigaciones en tecnología educativa en el momento actual.
Pensemos: ¿y sí el camino por el que nuestro coche transita reúne otros condicionantes?, puede ser pedregoso en unos tramos, pero liso en otros, no es lineal, es reticular e interconectado, podemos salir y entrar en la vía cuando lo deseemos o cuando reunamos las fuerzas necesarias para proseguir, podemos viajar hoy y mañana no, observarlo o parar y construir una parte, podemos tomar una vía larga, o una corta, etc.
¿Dónde entra la tecnología en todo este camino? La tecnología es ese coche grande, ese coche se pensó para ir deprisa (no importa tanto dónde), que tenga gran maletero (albergue gran “contenido”), que consuma poco (mantenimiento básico) y, de momento, es suficiente.
¿Por qué nos esforzamos en pensar que el coche nos permitirá ir por un camino recto, árido y sin posibilidad de salirse del camino? Nos empeñamos en matar moscas a cañonazos.
El cometido de la tecnología es facilitar algo a los seres humanos por definición, pero no le atribuyamos posibilidades mágicas ni que con ellas vamos a conseguir algo que no le es propio. Observemos el problema desde otro ángulo. Queremos facilitar los aprendizajes ¿verdad?, nos da igual que sea con tecnología o sin ella, el enfoque vuelve al mismo punto, del cual no debimos de haber salido. No importa lo que hemos logrado o a dónde hemos llegado, lo que importa es que podemos rectificar.
Debemos de reflexionar y obtener lo esencial de este proceso, en este caso, no se trata de integrar las tecnologías en el aula sino que debemos reflexionar en cómo integrar los aprendizajes formales en las rutinas de aprendizaje propias y diarias de los alumnos que usan tecnología en el momento actual. Esto es lo natural, lo que pretendíamos hacer podemos calificarlo de antinatural y seguimos creyendo que es la vía correcta de hacerlo. Sugiero hacer borrón y cuenta nueva. Volvamos a jugar de nuevo y a generar desde la pedagogía los nuevos escenarios de aprendizaje formal con este nuevo encuadre y ubiquemos a la tecnología en la periferia del proceso. Releguemos a la tecnología a la herramienta a la que acudir para resolver el problema y que no sea el centro, el centro es favorecer y motivar intrínsecamente el aprendizaje de los alumnos. Este es el nuevo enfoque.

Francisco Revuelta
Francisco Revuelta Domínguez

Dr. Francisco Ignacio Revuelta Domínguez
Universidad de Extremadura
fird@unex.es
@pacorevuelta