La percepción de la Inteligencia Artificial en contextos educativos tras el lanzamiento de ChatGPT

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El año 2022 ha finalizado con una de esas innovaciones tecnológicas que tienen un comportamiento difícil de predecir, un cisne negro, acaparando la atención en los medios de comunicación tradicionales y los medios digitales. Efectivamente, se trata de ChatGPT. Si bien la inteligencia artificial ya venía ocupando un lugar destacado en diversas noticias, aunque muchas veces enmascarada bajo otras diversas acepciones, el fenómeno ChatGPT ha vuelto a poner en primera plana esta disciplina, así como sus efectos, tanto positivos como negativos, en nuestra sociedad. Las reacciones a su lanzamiento, sobre todo influidas por su facilidad de acceso y uso, están siendo de lo más variadas, yendo del entusiasmo de los innovadores y adoptadores tempranos hasta el terror casi apocalíptico propio de la película Terminator. De las múltiples aplicaciones de esta herramienta, el mayor debate está centrándose en sus implicaciones en la Educación y en la Academia, por su tremenda potencia para generar textos que perfectamente podrían pasar por creaciones humanas. Estamos en los albores de una tecnología que ha pasado de ser una herramienta de juguete a presentar su candidatura a convertirse en una innovación disruptiva.

Que lo consiga o no dependerá de muchos factores, pero si no es esta será otra similar. Negarlo o prohibirlo no servirá absolutamente de nada para parar el efecto tsunami que ya ha comenzado. Por todo ello, primero hay que entender estas tecnologías basadas en modelos de lenguaje y conocer tanto sus beneficios como sus puntos débiles, además de lo que realmente suponen para un sector de actividad específico, como puede ser la Educación. Después de conocer la tecnología y la herramienta, se estaría en condiciones de utilizar (o no) su potencial y de prevenir o detectar sus posibles efectos perniciosos, seguramente cambiando y adaptando procesos que probablemente se tengan muy arraigados y que, por tanto, obliguen a salir de la zona de confort, lo que siempre es causa de resistencia al cambio y de reacciones extremas que, normalmente, no van a parar el camino de una tecnología hacia su meseta de productividad cuando esta llegue a ser parte cotidiana de una mayoría suficiente de usuarios, máxime cuando además se trata de herramientas transversales que van a contagiar sus patrones de uso entre los diferentes dominios de aplicación.

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